domingo, 22 de octubre de 2017

DOMINGO 29º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”

Las lecturas de hoy nos invitan a reconocer a Dios como el Señor de la historia dando al Cesar lo que es del Cesar y devolviendo a Dios lo que es de Dios… (Evangelio)

Este domingo, día del DOMUND nos recuerda la Iglesia que hay que saber descubrir en la historia el actuar del Señor con su poder salvador; estando atentos a “los signos de los tiempos”, conscientes de que la fe ilumina la historia humana sin negarle su autonomía. Gaudium et Spes, 36.

Tú mírate en el ejemplo de los misioneros, pon: La misión en el corazón de la fe cristiana (lema del Domund de este año), reconoce a Dios como único Señor de la historia y esfuérzate por hacer esta historia más humana, más fraterna defendiendo siempre a la persona frente a cualquier Cesar o poder que quiera ocupar en nuestras vidas el lugar de Dios.

HOY - DOMUND; HAZ TU APORTE A LA MISIÓN.


DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

Estas palabras van dirigidas al Ungido, el que debía reinar. Y en este anuncio, se le recuerda que sólo Dios está por encima de todo y de todos. No hay ningún otro dios, y esto no se refiere solamente a los dioses de las religiones paganas, sino que también es una advertencia para no caer en la idolatría del poder o del dinero.

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Así habla el Señor a su ungido, a Ciro, a quien tomé de la mano derecha, para someter ante él a las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas de las ciudades, de manera que no puedan cerrarse. Por amor a Jacob, mi servidor, y a Israel, mi elegido, yo te llamé por tu nombre, te di un título insigne, sin que tú me conocieras. Yo soy el Señor, y no hay otro, no hay ningún Dios fuera de mí. Yo te hice empuñar las armas, sin que tú me conocieras, para que se conozca, desde el Oriente y el Occidente, que no hay nada fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro.
Palabra de Dios.

Salmo 95, 1. 3-5. 7-10ac

R. Aclamen la gloria y el poder del Señor.

Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R.

Porque el Señor es grande y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Los dioses de los pueblos no son más que apariencia, pero el Señor hizo el cielo. R.

Aclamen al Señor, familias de los pueblos, aclamen la gloria y el poder del Señor; aclamen la gloria del nombre del Señor. Entren en sus atrios trayendo una ofrenda. R.

Adoren al Señor al manifestarse su santidad: ¡Que toda la tierra tiemble ante él! Digan entre las naciones: “¡El Señor reina! El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”. R.

II LECTURA

¡Qué hermoso que el evangelizador tenga tan buenas palabras de gratitud hacia aquellos que recibieron el mensaje! En la fe común, ya no hay diferencia entre evangelizador y evangelizado, sino que todos comparten la misma comunión de vida. Esto es lo que llenaba de gozo a san Pablo: verificar que las iglesias crecían en la fe, esperanza y caridad.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo saludan a la Iglesia de Tesalónica, que está unida a Dios Padre y al Señor Jesucristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz. Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, cuando los recordamos en nuestras oraciones, y sin cesar tenemos presente delante de Dios, nuestro Padre, cómo ustedes han manifestado su fe con obras, su amor con fatigas y su esperanza en nuestro Señor Jesucristo con una firme constancia. Sabemos, hermanos amados por Dios, que ustedes han sido elegidos. Porque la Buena Noticia que les hemos anunciado llegó hasta ustedes, no solamente con palabras, sino acompañada de poder, de la acción del Espíritu Santo y de toda clase de dones.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Flp 2, 15-16

Aleluya. Ustedes brillan como rayos de luz en el mundo, mostrando la Palabra de Vida. Aleluya.

EVANGELIO

Los fariseos, defensores de la tradición judía, no eran amigos de los herodianos, que aceptaban la ocupación romana. Sin embargo, estos dos grupos antagónicos actúan juntos para ponerle a Jesús una prueba que pareciera no tener salida. Jesús, que los conoce, responde hábilmente. Y con esto nos obliga también a nosotros a plantearnos, en nuestra vida, qué cosas son “del Cesar” y cuáles de Dios. Más aún, es para plantearnos no solamente a quién le damos algo –tributo, honor, tiempo, dedicación– sino en manos de quién confiamos nuestra vida. En definitiva, esta disyuntiva que le plantearon a Jesús, nos previene para que no endiosemos a ningún césar ni a ninguna moneda.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 15-21

Los fariseos se reunieron para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al Cesar o no?”. Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto”. Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del Cesar”. Jesús les dijo: “Den al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios, lo que es de Dios”.
Palabra del Señor.


MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Dios como Señor de la historia elige a personas y comunidades

Elige: de manera gratuita

Elige: para guiar la historia humana a la salvación.

Un ejemplo de elección de Dios es Ciro, (primera lectura): Cuando la crisis de fe del pueblo judío es tan profunda que se cuestionan si Yahvéh es el Dios verdadero, el profeta anuncia la liberación a los desterrados para iluminar y fortalecer la fe en el único Dios y Señor de la historia.

Dios “Ha tomado de la mano”, (v. 1) a  Ciro que no conocía a Yahvé; y el rey persa establece una nueva organización política del mundo. Como no puede tenerlos a todos como esclavos hace que cada pueblo se organice como quiera con tal de que a él le paguen los impuestos.

El pueblo judío ya en libertad, viendo estos acontecimientos con ojos de fe descubre que es Dios el que en el fondo dirige la historia contando con la libertad de los hombres.

Otro ejemplo, el de la comunidad de Tesalónica: “conocemos hermanos amados de Dios, cómo fueron elegidos” (segunda lectura 1 Tes 1,1-5b) para que guiados por el Espíritu Santo actúen en la historia llevando adelante el proyecto salvador de Dios.

Tercer ejemplo: Los misioneros elegidos por Dios para anunciar a todos la buena noticia de la salvación, para invitar a la fiesta de la vida en nombre de Dios;  promoviendo un mundo más justo y fraterno.

Los tres ejemplos tienen en común que sus protagonistas han puesto a Dios como Señor de la historia humana.

Dar al Cesar lo que es del Cesar y devolver a Dios lo que es de Dios

A Jesús le preguntan los fariseos por los derechos del Cesar y él responde reclamando los derechos de Dios por los que nadie le ha preguntado: Le dicen: ¿Es lícito…? Lícito es lo que permite la Ley y la Ley se toma como valor supremo…  Jesús deja claro que el valor supremo no es la Ley ni el César sino Dios, Señor de la historia.

A la pregunta de los fariseos Jesús responde:

Dar al Cesar lo que es del Cesar y devolver a Dios lo que es de Dios

¿Qué es del Cesar? La efigie e inscripción de la moneda; lo externo... pero el fondo de la persona es de Dios, porque el ser humano está creado a imagen de Dios.

Te recuerdo cosas que son de Dios: De Dios es su pueblo, la vida de sus hijos e hijas.

Lo que sí es de Dios: el hambre de los que no tienen pan, el sufrimiento del cesante, las lágrimas de los que sufren la injusticia, la vida de los perseguidos por confesar a Cristo, el dolor de los explotados, la libertad de los oprimidos, la conciencia de cada persona. Porque todo eso pertenece a la naturaleza del hombre, creado a imagen de Dios.

Ser de Dios nos obliga a realizarnos como personas responsables y solidarias.

El hombre pertenece a Dios, ha sido redimido por Jesús y pertenece al “Reino de Dios”.

De Dios es el regalo de la vida, la alegría de vivir, el gozo de la fraternidad

De Dios es la persona, porque es Dios el único que le da libertad (los demás poderes esclavizan)

De Dios es la justicia, la misericordia, el amor a la persona...

Dad al cesar lo que es del cesar y devolver a Dios lo que es de Dios, no es un reparto entre lo político y Dios; tampoco se trata de defender a Dios o a la Iglesia frente al estado.

Lo importante es defender a la persona, al hombre, a la mujer frente a cualquier poder que quiera ocupar el lugar de Dios.

Dios es Señor de la historia y dará cumplimiento a nuestra historia salvándonos.

Nosotros cristianos católicos unidos a los misioneros queremos anunciar el Evangelio poniendo nuestro granito de arena para hacer esta historia más fraterna, con una fe activa, con el esfuerzo de nuestro amor a todos, con el aguante de nuestra esperanza y la alegría de saber que el Espíritu del Resucitado nos acompaña en esta misión.

ESTUDIO BÍBLICO.

I Lectura: Isaías (45,1.4-6): Dios no se desentiende de la historia humana

I.1. La lectura de Isaías debe ser interpretada con una visión religiosa de la historia universal. El Deuteroisaías, profeta del exilio (segunda parte del libro de Isaías, cc. 40-55), se ve envuelto en la aclamación y entusiasmo que los pueblos sometidos a Babilonia hacen de un guerrero famoso y fundador del imperio persa: Ciro el Grande (a. 540 a. C). Si los profetas anteriores se habían valido de Asiria como imperio para poner de manifiesto el castigo de Dios al pueblo de Israel por su infidelidad, ahora el pueblo judío, en el destierro, necesita un libertador ¿Qué hará Dios? En la teología veterotestamentaria no todo es posible asumirlo sin el matiz de una teología global. Ciro no puede venir de parte del Dios de Israel, pero así lo ve este profeta anónimo. Aunque no tanto por el "rey de reyes" persa, sino por la libertad que trae a Israel con su nueva política.

I.2. Piensa este profeta desconocido que Dios se vale de la historia humana, concreta y universal, para que sus planes vayan hacia adelante. Este es un momento de liberación, y por eso se usan expresiones agudas, de tonos altos, para hablar de un guerrero, que ni siquiera conoce a Yahvé. El poder que trae en sus manos es poder de liberación para los desterrados en Babilonia. Se dice, con razón, que el profeta no canta al imperialismo, sino a la libertad. Los imperialismos no pueden consagrarse y, de hecho, profetas posteriores (v. g. Ageo y Zacarías) pondrán en entredicho al imperio persa, porque Dios, el Dios de universo y de la salvación, no se encarna en el imperialismo, ya que éste solamente se sostiene con sangre e injusticia.

I.3. Pero es verdad que en la historia humana podemos ver la mano de Dios en la bondad o en los principios éticos y sociales de pueblos y de gobernantes que anteponen el bien a todos los otros valores. Es una cuestión discutida en el ámbito teológico, en lo que ha venido a llamarse la "teología de la historia". Los profetas eran muy sensibles a ello, a veces exageradamente sensibles, para lo positivo y para lo negativo. Pero no les falta una parte de razón; al menos para dar a entender que Dios no se desentiende totalmente de lo que hacemos los hombres. Si los dones que Él nos ha dado los aplicamos para la paz, la libertad y la justicia, estaremos en el camino de los "planes de Dios".

II Lectura: Iª Tesalonicenses (1,1-5ª): La respuesta al evangelio

II.1. La IIª Lectura da inicio a la 1ª Tesalonicenses, que es la primera carta de Pablo y el primer escrito del Nuevo Testamento. El apóstol celebra la fe, la esperanza y el amor de aquella comunidad que él había fundado en la capital de Macedonia. Técnicamente es lo que se llama una "acción de gracias", que es la forma en la que Pablo da comienzo en sus cartas a las comunidades. Pero se resalta la elección por parte de Dios (eklogên) de esa comunidad. Y la respuesta de esa elección, por parte de la comunidad, ha sido aceptar el evangelio que se le predicó. No eligieron oro y plata, sino un mensaje que les acarrearía desventajas frente a la sociedad e incluso frente a la sinagoga, porque algunos de ellos se pasaron al evangelio de Pablo.

II.2. Se resalta, pues, la firme esperanza de esta comunidad que, en las dificultades que hubieron de sufrir los cristianos, no abandonaron su fe. La esperanza es una virtud escatológica y, en el contexto del otoño y del final que se acerca poco a poco del año litúrgico, nos va a introducir en esos temas de las cosas finales. Ellos hicieron una elección definitiva, inigualable por el evangelio que él les predicó y que les trajo la fuerza del Espíritu. Es una elección por la salvación que se les anunció, una salvación que no se tocaba con las manos, aunque sí se anunciaba próxima, como ha de ponerse de manifiesto en algunos pasajes de esta carta Iª a los Tesalonicenses.

Evangelio: Mateo (22,15-22): La dignidad humana no se compra, es un don.

III.1. El evangelio de Mateo, hoy, nos sitúa en el corazón de las polémicas que Jesús mantiene con los dirigentes en Jerusalén y que los evangelistas sitúan al final de su vida, precediendo a la pasión (cf. Mc 12,13-17; Lc 20,20-26). Esta vez querían comprometerlo a fondo con las autoridades romanas, que vigilaban ferozmente cualquier movimiento social o político para castigar cualquier rebeldía. Oponerse al César, incluso en nombre de Dios, era ir contra la «pax romana», uno de los mitos de la época. Los espías pretenden halagarlo (Mateo sigue a Marcos y nos habla de los fariseos y los herodianos; Lucas, más coherente, nos habla de espías para entregarlo al gobernador), pero en el punto de mira está el prefecto romano Poncio Pilato, que era un gobernante de una crueldad sin miramientos, vengativa y arbitraria. Los judíos lo odiaban porque había introducido en Jerusalén bustos e insignias del César, además de haber usado el dinero sagrado del templo para construir un acueducto que llevara el agua a Jerusalén (Josefo, De Bello 2,9,2; 2,9.4).

III.2. La hierocracia y aristocracia de la ciudad santa mandan sus espías para poder deshacerse de este profeta galileo que anuncia el Reino de Dios, pero que no coincide con el reino de Roma, ni con el concepto que tienen del mismo algunos partidarios de la revolución contra Roma, ni específicamente con el reino que ellos quieren manipular en nombre de Dios. Los rebeldes dejaban a las claras que la única soberanía que aceptaban bajo el suelo de Judea es la de Dios (Ex 20,4-5); en ello Jesús podría estar de acuerdo. Pero las trazas, entre uno y otros, son muy distintas. Es verdad que Jesús parecía estar en un callejón sin salida: frente a Poncio Pilato, frente a las autoridades, frente a los revolucionarios nacionalistas, frente a todos. No obstante, él la encontró; la encontró recurriendo a las dignidad humana que Dios ha puesto en el corazón de toda persona como imagen suya. Los espías, con su trampa, van a caer en su propia ignominia, porque llevan en sus manos el “denario” con la efigie de Tiberio… pero Jesús no lleva nada en su zamarra. Solamente tiene su palabra y la fuerza de la sabiduría del reinado de Dios.

III.3. Cuando es preguntado, intencionadamente pide la moneda del tributo con la efigie del César y responde: la moneda hay que dársela al emperador; ¿por qué? Porque es el dinero, y el dinero es lo más sucio de este mundo. Los que acuñan moneda tienen poder y por el dinero dominan a los hombres. Entonces, ¿hay que someterse a él? ¡Ni hablar! Por eso añade con una intencionalidad manifiesta: «y a Dios lo que es de Dios». El dinero no es de Dios, sino que de Dios somos nosotros mismos, y por lo mismo nosotros solamente debemos estar sometidos a Dios. Ya San Agustín, que afirmaba: “El César busca su imagen, dádsela. Dios busca la suya: devolvédsela. No pierda el César su moneda por vosotros; no pierda Dios la suya en vosotros” (Com. Ps 57,11). La trampa la resuelve Jesús, no solamente con inteligencia, sino con sabiduría, donde salta por los aires la legalidad con la que pretenden acusarlo en su caso. La respuesta de Jesús no es evasiva, sino profética; porque a trampas legales no valen más que respuestas proféticas. El tributo de hacienda es socialmente necesario; el corazón, no obstante, lleva la imagen de Dios donde el hombre recobra toda su dignidad, aunque pierda el “dinero” o la imagen del césar de turno que no valen nada.


III.4. Aquí Jesús responde con una afirmación liberadora que solamente pueden captar los que no están cegados por el poder, el dinero, el odio y la injusticia. Quizás la mejor ilustración a todo ello la tengamos en San Ireneo, en esa expresión, que es paradigma de muchas radicalidades humanas y divinas: «La gloria de Dios es el hombre viviente; la vida del hombre es la visión de Dios». Todo esto quiere decir que el evangelio de Jesucristo implica, en una simultaneidad inconfundible, que de la misma manera que nos descubre al Dios viviente, nos descubre a la vez, y no por otro camino, al hombre viviente. Podemos usar los bienes de este mundo con eficacia, pero lo que no podemos hacer es vender nuestra vida al mejor postor. Al "césar" de turno podemos darle el dinero, o los impuestos, pero nuestra libertad nadie nos la podrá arrebatar. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).

domingo, 15 de octubre de 2017

DOMINGO 28º DEL TIEMPO ORDINARIO



“Tengo preparado el banquete”

En nuestra sociedad, los acontecimientos importantes, suelen ir acompañados de una comida (banquete, en términos del evangelio) como manera de expresar la alegría por lo que se celebra (bodas, bautizos, graduaciones, etc.)

La primera lectura presenta una profecía cargada de esperanza que genera alegría desbordante. Dios ha gestado para todos la salvación que llega a lo hondo del ser humano transformando sus estructuras. Isaías lo compara con un banquete, como lo hace el Evangelio.

Entre ambas proclamaciones –primera lectura y evangelio- Pablo se entromete y nos ofrece su experiencia de la salvación vivida en la reestructuración de su persona por la conversión a Cristo, “riqueza de Dios”, que ayuda a transformar todo por Él y para Él, a los que se dejen.

Cristo es verdadero manjar, comida y comensal; anfitrión y servidor, de los que no saben qué camino tomar al llegar a la encrucijada de la vida: si el del poder, el del dinero, el del placer, el del individualismo egocéntrico que divide….; o mejor, el camino para limpiar el traje “de la libertad” y entrar en la fiesta del banquete. Siguiendo al criado, el vocero del rey, se llega a ese banquete.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SU PALABRA.

I LECTURA

El “Día del Señor”, que los profetas señalan como el “Día de la justicia de Dios”, será también un momento de celebración. Dios preparará la mesa, nos servirá manjares y nos recibirá con gran misericordia, mientras que secará nuestros ojos por tanto dolor padecido.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados. Él arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo, porque lo ha dicho él, el Señor. Y se dirá en aquel día: “Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!”. Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.
Palabra de Dios.

Salmo 22, 1-6

R. El Señor nos prepara una mesa.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.

II LECTURA

San Pablo no necesita más que a Cristo. Su vida ya está entregada al Señor; por lo tanto, no depende de riquezas ni de pobrezas, sino de la fuerza que Cristo le da en todo momento.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4, 12-14. 19-20

Hermanos: Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada. Yo lo puedo todo en Aquel que me conforta. Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades. Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.

ALELUYA        Cf. Ef 1, 17-18
Aleluya. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestros corazones, para que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados. Aleluya.

EVANGELIO

 “Acuérdense el marco en que está hablando Jesús. Última semana de su vida. Ese clímax de lucha, de antagonismo entre el verdadero evangelio que él predica y la falsa religión que han entablado los fariseos y los dirigentes del pueblo de Judea, esa lucha está llegando al desenlace trágico de la crucifixión, pero Cristo no cesa y a ellos directamente les echa en cara: no han sido dignos de la invitación de Dios’. No es que se predique el evangelio sólo a los pobres, también está llamando a los ricos; pero para comprenderlo es necesario sentir alma de pobre y eso es lo difícil.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 1-14

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los fariseos, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero éstos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas”. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?”. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “Átenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

Si la comida es necesaria para vivir, no lo es menos para celebrar los acontecimientos importantes de la vida. ¿Quién no ha asistido a un banquete de boda, comida de cumpleaños, cena de gala…? Y todo ello ¿no conlleva alegría? El refranero español apuntala esa alegría “No hay boda sin canto, ni ….”. Evidente. Eso es lo que celebramos este domingo: el Banquete de la Alegría y la Libertad.

Por si no había quedado suficientemente claro –véase el evangelio del domingo pasado- la alusión a las fuerzas “religiosas y a los senadores de Israel”, con la comparación de la viña y el trato a los criados, Cristo lo plantea hoy desde el banquete del REINO, reforzado por la lectura de Isaías.

El rey que invita al banquete, es un tanto especial. Solo recuerda e invita formalmente a los principales y amigos, y ante la negativa de todos ellos, -cada cual tenía sus quehaceres- en lugar de no seguir el rey adelante con el festín,-podía haberlo suprimido, que sería lo más normal- lo que hace es invitar de manera informal a los que estén en y por los caminos. Es un anfitrión que se sale de la norma: no suprime el banquete sino que invita informal e indiscriminadamente a todos. Era un rey que no guardaba ni normas ni convencionalismos sociales del momento. Pasa de lo políticamente correcto a lo ridículamente correcto.

Al escuchar la parábola de Mateo, el oyente tiene que tomar posición. Por el cumplimiento de las leyes de la iglesia ¿tengo derecho a la invitación real? No necesariamente. Y si tengo derecho a la invitación, ¿puedo rechazarla? Claro que sí. La condición necesaria para aceptarla es desde la libertad y por amor al reino.

Ante el rechazo invitatorio el rey rompe con las normas, y es tal el valor del banquete, que envía a los criados a la encrucijada de los caminos. En el seguimiento de Cristo, siempre y sin saber cuando, aparece el cruce de caminos, ante los que no hay más remedio que optar, bien por entrar al banquete de la VIDA y compartir socialmente el alimento que en él se da, bien rechazando la invitación.

El traje de fiesta, es la invitación al banquete, el regalo del Señor. Si se deja en casa, cuando el rey se pasee entre los comensales (comensalidad) a reparar sus necesidades, la falta de invitación conllevará la exclusión del banquete.

Habría que ver a Jesús con los suyos disfrutando alegremente en las bodas de Galilea, del “festín de manjares suculentos y vinos de solera, manjares enjundiosos, vinos generosos”. Pasó de la comparación del trabajo en la viña a la alegría del banquete de la libertad.

Dios no se da por vencido en su generosidad, por eso abre las puertas del banquete a la humanidad, aun contando con desplantes de los primeros invitados, y descuido de los segundos, que no saben valorar la grandeza de la invitación.

La parábola concluye con un proverbio: “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” Los llamados responden anteponiendo sus intereses, ignorando y rechazando, incluso violentamente, la invitación, quizá por considerarla menos importante que sus propios intereses. Los escogidos, invitados harapientos y andrajosos, también, si no llevaban con dignidad su vocación. La invitación de Dios al Banquete del Reino de su Hijo obliga a poner en acto las aptitudes de los invitados.

La solidaridad, uno de los actos, está presente en la segunda lectura, la de Pablo a los Filipenses. La solidaridad se concreta en pasar de invitados a invitantes; de ser cristianos anunciadores, criados, y siervos de tal Rey, a salir a las encrucijadas para animar a quienes, con el traje de boda, deseen entrar a formar parte de la comensalidad divina, sintiendo la mirada de Dios, su voz, su cariño y su salvación: ser misioneros en el mundo.

En la encrucijada de los caminos de la vida, el verdadero seguidor de Cristo sigue la dirección del “Banquete del Reino”, dejando a un lado la de la indiferencia, el individualismo y la división, y así vivir para gustar la comunidad eclesial que es vino generoso y manjar enjundioso.

¿Hemos perdido la invitación del Señor, o la hemos roto? ¿Cuál es la dirección que hemos tomado en nuestro caminar? ¿Quizá el indicador de la encrucijada que apunta al bienestar? ¿Estamos acostumbrados a vivir sin tener en el horizonte de la vida la visión del Reino? Acomodados confortablemente en nuestro camino ¿vemos en el arcén al otro, para animarlo y acompañarlo? En definitiva, ¿cómo construimos el Reino de Dios en el mundo?

Ahí quedan las preguntas.


ESTUDIO BÍBLICO.

I Lectura: Isaías (25,6-10a): Dios salvará a todos los pueblos

 I.1. Esta lectura forma parte de un conjunto del libro de este profeta (cc. 24-27), conocido entre los especialistas bíblicos como «apocalipsis de Isaías». En realidad no es conjunto netamente apocalíptico, aunque no podemos negar la opción escatológica que se apunta en distintos momentos, como una gran liturgia, con himnos, cánticos, que predicen el triunfo de Dios sobre sus enemigos en el monte Sión, en Jerusalén. Se propone, como período de composición de este Apocalipsis, la época posterior al destierro de Babilonia (s. VI a. C.); esto es lo más probable, aunque no podemos precisar el momento de su composición.

I.2. El autor sigue las huellas y la teología de Isaías, y por eso ha sido introducido en el libro del gran profeta y maestro. La lectura de hoy es, probablemente, el trozo más hermoso de este conjunto en el que, después de un cántico al Dios liberador, el profeta habla de un momento prodigioso, bajo el símbolo de un banquete, de un festín escatológico, donde será destruida la muerte y el oprobio de su pueblo. Y entonces todos reconocerán a Dios como «salvador» en el monte santo, en la nueva Jerusalén.

I.3. No es frecuente en cantos de tipo apocalíptico un mensaje tan hermoso y esperanzador. Aunque en este caso no se podría haber expresado mejor aquello que debe ser la esperanza bíblica. Porque la palabra profética convoca a algo que verdaderamente no se realizará en este mundo, ni en esta historia. Por el contrario es necesaria otra "historia" nueva, si es que podemos hablar así, que necesariamente está en las manos de Dios; esto último es determinante. El "velo" que tienen todos los pueblos, según el texto de hoy, debe caer para que todos los hombres puedan ver algo nuevo y definitivo. Ni Sión o Jerusalén podrán soportar este sueño profético. Será una Jerusalén no hecha por manos de reyes o trabajadores explotados. Un sueño, desde luego, de esperanza.

II Lectura: Filipenses (4,12-14.18-20): Agradecimiento generoso

II.1. Este texto pone punto final a la lectura de Filipenses en la liturgia de estos domingos. Pablo le da las gracias a esa comunidad, una de las más queridas y generosas con él, a la vez que con la comunidad madre de Jerusalén, según el compromiso que habían pactado Pedro y Pablo en la asamblea de Jerusalén (cf Gl 2; Hch 15). Aquí les recuerda que él personalmente está acostumbrado a todo, a la hartura y a pasar hambre. Pero mientras permanecía en prisión (casi con toda seguridad en Éfeso), le han enviado ayuda por medio de Epafrodito, y se lo agradece. Cristo le da fuerza para todo, es la afirmación más contundente y significativa.

II.2. La vida cristiana, pues, es también una llamada a solidaridad en las necesidades básicas, que no puede ser más que consecuencia de una comunión de fe y de amor. Compartir los dones espirituales podría ser, en algunos casos, demasiado poco ante la angustia y las necesidades que muchos experimentan. Dios es el primero que comparte la creación con nosotros y debemos ser consecuentes. Pablo, en este pequeño "billete" que escribe, le agradece a la comunidad que ha sabido compartir el evangelio mismo como don recibido. Sabemos, incluso, que ese discípulo Epafrodito se quedará con Pablo un tiempo (entre otras cosas porque enfermó junto al Apóstol) y le ayudará muy eficazmente mientras el apóstol estaba encarcelado.

Evangelio: Mateo (22,1-14): Un banquete para la libertad

III.1. El evangelio del banquete que un rey da por la boda de su hijo es una de las parábolas más sofisticadas del evangelio de Mateo, que marca unas diferencias substanciales con la que nos ofrece Lucas (14,15-24); incluso podríamos hablar de parábolas distintas. Mateo nos habla de un rey, rechazado por los magnates, y tras ser maltratados y asesinados algunos de sus criados, manda atacar y destruir la ciudad. Ahora se debe ir a los cruces de los caminos para instar a los transeúntes a que vengan al banquete. Como es lógico, vinieron toda clase de gentes, buenas y malas. ¿Qué significa, pues, que tras esta invitación tan generosa e informal, el rey venga a la sala del banquete y encuentre a uno que no tiene traje de bodas? Esto cambia el sentido de la interpretación de los vv. 1-10, cuando la sala se llenó de invitados, poniendo de manifiesto que incluso los que no estaban preparados son invitados a un banquete de bodas. Aquí nos encontramos con lo más extraño, quizás lo más importante y original de la parábola de Jesús redactada por Mateo.

III.2. Los vv. 11-14, sobre el traje de bodas, pues, deben ser un añadido independiente. Estaríamos ante una reconstrucción alegorizante para la comunidad de Mateo, que saca unas consecuencias nuevas para los miembros de esa comunidad cristiana tan particular, con objeto de que sepan responder siempre a la llamada que se les ha hecho. Pensemos en la «justicia» de las buenas obras, del compromiso constante, de la perseverancia, a lo que es muy dada la teología del evangelio de Mateo. En todo caso no debemos perder de vista que la parábola la pronunció Jesús para poner de manifiesto la fiesta de la libertad de Dios que llama a todo el que encuentra. Por lo mismo, el significado del traje de boda, añadido posteriormente (quizás se trataba de una parábola independiente), debe estar supeditado al primero, porque no es lógico que los invitados por los caminos estén preparados para una boda. No obstante deberíamos suponer que en la semiótica del vestido con que se quiere generar el texto, todo el mundo, incluso lo más pobres, siempre encuentran unas ropas más decentes para ir a una boda o a un banquete; de lo contrario no tendrían sentido los vv. 11-14. Por eso pensamos con otros intérpretes que se trata de una parábola sobreañadida a la original de los vv. 1-10, que son los coinciden más con Lc 14.

III.3. En todo caso, la parábola es escandalosa, y debe seguir siéndolo en cuanto a los motivos de los que rechazan el banquete, como en la actitud del rey que, en vez de suprimir el banquete, invita a todo el mundo que se encuentre por los caminos: hay que buscar a las personas que no están atadas a nada ni a nadie; son libres. El banquete no es un acto burlesco, sino que Jesús piensa en el festín de la salvación; no en una fiesta de compromiso, sino de libertad. En ese supuesto, hasta el hombre que no lleva vestido de boda, independientemente de la teología de Mateo, habría que entenderlo, hoy y ahora, como que no está allí como los demás, libre para la gracia de Dios. Quien no posea esa actitud, “ese vestido”, estará echando por tierra la fiesta de la libertad y de la gracia. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).



domingo, 8 de octubre de 2017

DOMINGO 27º DEL TIEMPO ORDINARIO


“Por sus frutos los conoceréis”

“Por sus frutos los conoceréis”. Los textos de este domingo nos sitúan en esa clave. Somos como un viñedo plantado con cariño y esmero por la mano de Dios. De nosotros espera buenos frutos. Pero no siempre cuando llega la hora de recolectar, encuentra Dios buenas uvas. Lamentablemente los frutos, nuestros frutos, no siempre son los esperados.

Vivir nuestra vida alimentándola de todo lo que hay de verdadero, justo y noble, de lo que en el camino de la vida encontramos de bondad y auténtica alegría, nos ayudará a dar los buenos frutos. Escuchar a las voces de los auténticos testigos, aquellos que son amigos de Dios, nos orientará.

Si, además, nos toca cuidar de la viña plantada por Dios, nos vendrá bien no olvidar que somos sólo viñadores, cuidadores, servidores del Pueblo de Dios, compañeros de camino, que apuntan con su vida a aquel que es el dueño de la viña: Dios mismo.

DIOS NOS HABLA. ESCUCHAMOS SUPALABRA.

I LECTURA

En este lamento, el Señor describe que el amor que depositó en su pueblo no fue correspondido. Ese abandono hará que el pueblo sufra mucho, no porque Dios los haga sufrir, sino porque han desaprovechado la oportunidad de vivir fraternalmente la Ley que Dios les ha regalado.

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo el canto de mi amado a su viña. Mi amigo tenía una viña en una loma fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con cepas escogidas; edificó una torre en medio de ella y también excavó un lagar. Él esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios. Y ahora, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, sean ustedes los jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más se podía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? Si esperaba que diera uvas, ¿por qué dio frutos agrios? Y ahora les haré conocer lo que haré con mi viña; quitaré su valla, y será destruida, derribaré su cerco y será pisoteada. La convertiré en una ruina, y no será podada ni escardada. Crecerán los abrojos y los cardos, y mandaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella. Porque la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta. ¡Él esperó de ellos equidad, y hay efusión de sangre; esperó justicia, y hay gritos de angustia!
Palabra de Dios.


Salmo 79, 9. 12-16. 19-20

R. La viña del Señor es su pueblo.

Tú sacaste de Egipto una vid, expulsaste a los paganos y la plantaste; extendió sus sarmientos hasta el mar y sus retoños hasta el Río. R.

¿Por qué has derribado sus cercos para que puedan saquearla todos los que pasan? Los jabalíes del bosque la devastan y se la comen los animales del campo. R.

Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso. R.

Nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. ¡Restáuranos, Señor de los ejércitos, que brille tu rostro y seremos salvados! R.


II LECTURA

¿Por qué dice san Pablo que nada debe preocuparnos? No porque seamos irresponsables, sino porque presentamos a Dios nuestras vidas a cada momento. De esa manera comprendemos que Dios quiere nuestro bien, nos entregamos a su amor, y la paz llena nuestro corazón.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4, 6-9.

Hermanos: No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús. En fin, mis hermanos, todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos. Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes.
Palabra de Dios.

ALELUYA                  Cf. Jn 15, 16

Aleluya. “Yo los elegí del mundo, para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero”, dice el Señor. Aleluya.


EVANGELIO

 “El provocador de Jesús de Nazaret les pregunta un tema hermenéutico a aquellos cuyo poder está centrado en el monopolio interpretativo de las Escrituras: '¿No han leído nunca en las Escrituras?'. Allí está el debate centrado en dos formas diferentes de lectura. Estamos frente a la paradoja permanente de la forma de actuar de Dios. Aquellas personas que los líderes religiosos rechazan ahora serán la piedra angular de todo el sistema de fe. El Reino de Dios ya no les pertenece a quienes no comprenden esta paradoja” (L. Orlov, www.pastoralsida.org).

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21, 33-46

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “Escuchen esta parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: ‘Respetarán a mi hijo’. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: ‘Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia’. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?”. Le respondieron: “Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo”. Jesús agregó: “¿No han leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?’ Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos”. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.
Palabra del Señor.

MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS.

El evangelio de hoy vuelve nuestra mirada sobre una imagen utilizada en diversos momentos por los textos bíblicos: es la imagen del Pueblo de Dios como una viña.

Los textos nos narran, como en varios actos, el drama de esta viña, una historia entretejida de amor y traición, de esperanza y desencanto, de ternura y misericordia, de violencia y ambición. Es nuestra propia historia.

A esta viña se refiere, en primer lugar, el texto de Isaías que escuchamos en la primera lectura. Como en un primer acto de esta historia, se nos cuenta su origen. La imagen es entrañable: Dios ha cavado con esmero la tierra, quitado los cantos que pudieran impedir el crecimiento de las plantas y plantado buenas cepas. De este viñedo, se dice que era “su plantel preferido”. Nos recuerda, cómo no, ese estribillo que acompaña cada uno de los actos del Dios creador: “y vio Dios que era bueno”. Nos muestra también el amor de Dios por su viña, la esperanza que pone en ella. Es, nos dice el narrador, el canto del amor de Dios a su viña. Y ese es siempre el punto de partida: estamos plantados en esta tierra, en este momento histórico, en esta comunidad cristiana, como buenas cepas, como plantel preferido de Dios. Participamos de la bondad de todo lo creado y del amor sin límites del creador. Y ese es nuestro punto de apoyo frente a toda desesperanza, frente a cualquier visión pesimista.

Esta confianza en el Dios que no sólo planta su viña, sino que también cuida de ella, es la que refleja la carta a los Filipenses: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica con acción de gracias, vuestras peticiones serán presentadas a Dios. Y la paz de Dios custodiará vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Pero no cabe caer en el optimismo facilón. El texto de Isaías narra con palabras desgarradoras el desencanto del viñador ante la falta de frutos de la viña por él plantada: “¡qué más podía haber hecho por su viña? ¿por qué esperando que diera uvas dio agrazones?” Nuestra vida, nuestro trato con los demás, tiene a veces más sabor a amargura que a dulce mosto. Es un hecho: los frutos, nuestros frutos, muchas veces no se corresponden con lo que Dios ha sembrado. Donde Dios esperaba justicia y derecho, nos encontramos con violencia y abusos… algo ha pasado. Se ha quebrado esa relación amistosa entre el viñador que cuida y espera lo mejor de la viña y la viña por él plantada, llamada a confiar incondicionalmente en su hacedor.

El propio texto de Filipenses nos da una pista, para no perdernos en la maraña de mensajes que recibimos cada día prometiéndonos caminos de felicidad que terminan dando frutos que más se parecen a amargos agrazones que a uvas de las que sacar los mejores mostos: “Todo lo que es verdadero, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta”. En un mundo en que con frecuencia se valora el éxito y el poder más que el servicio, la agresividad más que la bondad… Pablo nos pone ante nuestra mirada lo que de verdad importa, aquello que hemos de buscar y valorar por encima de todo: bondad, amabilidad, virtud… Aunque no esté de moda.

Pablo se atreve incluso a ponerse a sí mismo y su mensaje como faro para no perder el norte: “lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis visteis en mí,  ponedlo por obra”. La autoridad de Pablo en este caso es la del testigo, la de quien no sólo se ha encontrado con Cristo, sino que también ha dado la vida por Él y por los suyos. Es la autoridad del que vive aquello que predica. He aquí la clave de los que son auténticos pastores en contraste con los asalariados que, como nos narra el texto evangélico, no sólo se hacen dueños de la viña, sino que desconocen al Aquel que les ha encargado de su cuidado, a sus enviados y a su propio Hijo.

Apropiarse de la comunidad cristiana: ocupar el lugar de Dios, hacernos jefes, señores de la comunidad… dueños de ella, únicos interpretes de lo que es justo, aduaneros que en lugar de acoger al que llega, filtran entre puros e impuros... es olvidar que somos todos parte de la viña, cepas plantadas cuidadosamente por el Señor, que, al  fin y al cabo, lo que espera de todos nosotros son frutos de amor.

ESTUDIO BÍBLICO

I Lectura: Isaías (5,1-5): Una viña muy amada

I.1. La I Lectura de este domingo es una de las composiciones de más envergadura profética para hablar al pueblo y del pueblo. El gran maestro de la profecía de Judá y Jerusalén (s. VIII a. C.) comienza por este poema, canto o trova, a meterse de lleno en las entrañas de esa comunidad del pueblo elegido para poner sobre la mesa los sentimientos de Dios, sus profundas entrañas de búsqueda del pueblo amado. A pesar de la artificialidad con que en los cantos se eligen palabras y símbolos, en el caso del profeta no se trata de simple poesía, porque la poesía es sentimiento puro, y en Isaías, teología pura.

I.2. Este es el canto del amigo (se entiende que es el profeta), como cuando se habla del amigo del esposo, que canta un canto de amor. El amigo -"esposo de la viña"- ha mimado la viña: con lo que se expresa todo lo que Dios ha hecho con el pueblo elegido desde que lo liberó de Egipto y se hizo con él una Alianza. Puede resultar extravagante que el amigo tenga por esposa una "viña", pues eso es lo que hay que precisar en primer lugar. Una viña no puede tener sentido si no fuera porque es el "símbolo" de un amor verdadero, ¡cómo aman y miman los campesinos sus viñas! La imagen está lograda hasta el punto que la artificialidad logra su cometido. El pueblo de Israel, pueblo de origen pastoril, errante, esclavo, llega a sedentarizarse en un lugar, en una tierra, que es un don, y plantan viñas y huertas. ¡Así es de verdad la libertad campesina! La identificación entre el pueblo y la viña es patente.

I.3. ¿Qué más puede hacer un Dios por un pueblo? ¿Qué ha sucedido para que la viña no produzca buen fruto? Para entender todo eso debemos leer el libro de Isaías desde el comienzo hasta este momento, porque ahí describe el profeta lo que ha pasado: buscan otros dioses, buscan en la naturaleza y la fertilidad lo que viene de Dios; los poderosos han implantado la injusticia; Jerusalén, centro de la religión, no cuida de los desgraciados, de los huérfanos, de las viudas; la ciudad vive del soborno y el robo de unos pocos que se enriquecen. Antes, errantes, peregrinos por el desierto, probablemente eran más solidarios. Los sufrimientos compartidos, solidarizan. Pero las cosas han cambiado.

I.4. El poema de la viña es la expresión poética de lo que se ha descrito previamente con palabras más duras. Pero no olvidemos, como dice el profeta, que este es un canto de amor. Es la forma que Dios tiene, por medio de su amigo el profeta, de hablar al corazón del pueblo, como la amada al amado. Es decir, esto se afirma, se expresa, porque se ama de verdad y porque se espera una respuesta. Hay reproches, incluso amenazas, porque si la persona amada no responde ¿qué puede suceder? Las viñas se cortan y se plantan otras cosas.

IIª Lectura: Filipenses (4,6-9): La comunidad cristiana, viña del Señor

II.1. Es verdad que el texto de Filipenses debería estar precedido por el anuncio de la alegría y de la presencia inmediata del Señor (vv. 4-5), que justifican a todos los efectos las exhortaciones de la lectura de hoy de cómo esperar y vivir ese momento como una verdadera comunidad cristiana. No obstante la lectura se centra en la praxis verdadera de oración y confianza cara al futuro, en no tener miedo pase lo que pase. En este sentido podemos tener muy en cuenta lo que se nos dice que esos versículos mencionados (que se leen en Adviento.

II.2. No obstante podríamos considerar que la lectura en sí, es la contrarréplica a lo que el profeta Isaías ha descrito sobre la viña del Señor. Ahora Pablo está hablando de lo que debe ser una comunidad cristiana en el mundo. El valor simbólico y teológico de la viña del Señor sigue estando presente. Digamos que en una descripción práctica de la calidad del fruto de la viña; ésta debe identificarse en el mundo por la alegría, la comprensión, la paz en el corazón y en la mente, porque si no se tiene paz interior, profunda, iremos a la guerra y justificaremos la violencia. Y además: la verdad, lo justo, la limpieza de corazón. En definitiva, hacer el bien siempre y en todo momento. Esto es lo que el profeta pedía a la viña del Señor y esto es lo que Pablo pide a la comunidad cristiana.

Evangelio: Mateo (21,33-43): Dios, ha plantado una viña, una comunidad, nueva

III.1. El evangelio nos propone la parábola de los viñadores homicidas y está en continuidad con los textos del evangelio de Mateo que muestran las polémicas de Jesús con los dirigentes judíos antes de la pasión, viniendo a poner el punto final de una polémica que comenzó en Galilea. Aunque la parábola está tomada de Marcos (12,1-12), el primer evangelio nos propone algunos matices que llevan el texto a una densidad polémica contra el judaísmo, que extraña sobremanera en este evangelio de Mateo, tan propicio a asumir lo mejor de la teología veterotestamentaria y judaica.

III.2. En la redacción y sentido de esta parábola juega un papel importante la reflexión sobre el Sal 118,22-23. Se identifica claramente a los viñadores con los jefes del pueblo. El "vosotros" del v. 43 indica que los dirigentes religiosos del judaísmo, rechazando a Jesús, han perdido su última oportunidad de dar a Dios lo que correspondía y, de esa forma, han arrastrado a todo el pueblo en su infidelidad como aparecerá claramente en el juicio ante Poncio Pilato (cf Mt 27,20-25). La segunda parte de la sentencia anuncia el traspaso de la viña que no se hará a "otros dirigentes" sino a un nuevo "pueblo que produzca frutos" (v. 43). Esto es importante para entender esta parábola, no solamente porque los cristianos debemos rechazar todo antisemitismo, sino porque es verdad que la decisión final de condenar a Jesús estuvo en manos de "dirigentes" ciegos para ver e imposibilitados para acoger palabras proféticas como las de Jesús sobre Dios y sobre el Reino.

III.3. Esta parábola, con sus transformaciones en la comunidad cristiana después de la pasión de Jesús, es una puerta abierta siempre a la conversión, a la esperanza. Los hombres que en tiempos de Jesús aguardaban, entonces, que se diera en su generación la irrupción de un mundo nuevo e inaudito, se percataron de que aquella parábola iba por ellos y no quisieron aceptar que el tiempo nuevo había llegado con aquél profeta que hablaba de aquella manera. Quien entiende que esta parábola nos introduce en un mundo donde sólo hay vida cuando no se vive a costa de otras vidas, habrá dado con esa puerta abierta a la esperanza, a la fraternidad, a la paz y a la justicia. Sabemos que la realidad última, para la fe cristiana, es Dios mismo, pero como Dios Padre de todos los hombres. Era el Padre de Jesús, el profeta de Nazaret, y ese Dios, cuando se asesina a cualquier hombre, siente en sus entrañas lo que sintió con la muerte de Jesús. También esta parábola de Jesús es un canto de amor por la vida.


III.4. Pero no podemos evitar sacar conclusiones muy significativas para ahora y para todos los tiempos. La religión que mata o permite guerras en nombre de Dios, no es exactamente "religión", religación a Dios. Por eso esta es una parábola que debe leerse clara y contundentemente contra los fundamentalismos religiosos que amenazan tan frecuentemente a los pueblos y a las culturas. No hay apologética capaz de defender a "nuestro Dios" con la muerte de los otros, porque en todos esos asesinados, Dios mismo está muriendo. Y si Jesús fue eliminado, creyendo los dirigentes que daban gloria a su Dios, se encontraron con que esa muerte se ha convertido en la "piedra angular" de una religión nueva de amor y de paz. Y los asesinos fundamentalistas, pues, quedarán sin Dios y sin religión. (Fray Miguel de Burgos Núñez, O. P.).